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POR QUÉ HAY UN DÍA DE LA MUJER Y NO DEL HOMBRE (8M)

Enhorabuena si eres hombre y has llegado a este texto poniendo en google el título de este post. Te honra querer conocer qué hay detrás de este aparente olvido con el sexo masculino. También si eres mujer y tienes inquietudes por saber más. Y todavía las felicitaciones son mayores si formas parte del alumnado y estás haciendo un trabajo que te han mandado en clase sobre el 8M. Os doy la bienvenida. 

Antes de nada, aclarar el concepto de que Machismo son conductas y privilegios que hacen prevalecer al hombre frente a la mujer, y que el Feminismo es la lucha por la igualdad entre el hombre y la mujer, porque aún (a estas alturas) sigue habiendo despistes.

Wikipedia ya os habrá contado la historia de las trabajadoras del textil de Estados Unidos que murieron un 8 de marzo de 1911, luchando por sus derechos. Si no sabes de qué te hablo pincha AQUÍ. Bien, con eso sabemos por qué es en concreto esta fecha la elegida. Pero en realidad podría ser cualquier otra, porque la mujer lleva milenios sometida a leyes que la dejan en un lugar secundario con respecto al hombre. 

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Es cierto que hubo en algunas culturas muy antiguas momentos en los que la mujer, sobre todo si era de clase social elevada, se aproximó a unos niveles de igualdad con el hombre. Pero siempre han sido hechos circunstanciales, muy concretos en el tiempo y en el espacio. 

No vamos a remontarnos a Atapuerca. En el último milenio, por ejemplo, Edad Media, Renacimiento, el Barroco, el descubrimiento de América. La mujer no era nada. Ella no tenía derechos, ni capacidad apenas de tener o heredar el patrimonio paterno (atención a las dos palabras anteriores que nos llevan directamente al patriarcado), dependían de una buena dote para poder optar a un matrimonio que les venía impuesto. Si no querían, siempre podían meterse monjas. Pero en el convento no aceptaban pobres. Así que las posibilidades se iban reduciendo. Lo de formarse, saber leer, escribir o contar era algo reservado a los hombres, y lo de cobrar un jornal, habrase visto qué insolencia… Una mujer no podía hacer nada sin el permiso de su padre, y si cambiaba de manos, sería a las de su hermano o a las de su marido, aunque ellos la maltratasen. 

 

Derechos humanos, sólo para el hombre

No hablamos del elevado porcentaje de mujeres que morían en el parto, pero eso casi era mejor que quedarte viuda y sacar tú sola adelante a un montón de niños, porque nadie te iba a ayudar ni a ponértelo siquiera un poco más fácil. Esto fue así durante siglos, hasta que en el XVIII y XIX, aplicando los principios de la Ilustración, que hablaban de Ciencia, de imperio de la Ley civil en detrimento de la religiosa, al hablar de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, se dieron cuenta que el concepto no incluía a la mujer. En concreto lo descubrieron las mujeres de la burguesía que sí tenían dinero y sí habían sido formadas, y además, tenían la posibilidad de intervenir en algunos foros públicos. 

Comenzó allí un interesantísimo debate que fue como esos incendios por descuido: hay hojarasca seca en el monte, alguien tira un cristal, un día de altas temperaturas y mucho sol… y acaba prendiendo. Fue casi un siglo en el que los teóricos, políticos e intelectuales de la época tuvieron que esgrimir argumentos que les obligaron a poner en palabras lo que se daba por hecho, lo que siempre se había pensado de las mujeres: que eran seres inferiores, sin capacidad de raciocinio, sin inteligencia, incapaces de controlar su vida y sus emociones. Y las que lo hacían, era con fines maléficos. 

Se consideraba a la mujer un ser débil, vulnerable, manipulable, que no podía ejercer sus derechos civiles en la misma medida que un hombre, que era superior en todo, fuerza, inteligencia, dotes sociales, autocontrol, determinación. Lo cierto es que mientras tanto, mujeres de todo tipo de tendencia, iban dejando ‘sus labores’ en casa y se iban introduciendo en asociaciones, entidades benéficas, foros de debate, lecturas, teatros, actos públicos y, poco a poco, rompieron la pared doméstica para comenzar a pisar la esfera pública, reservada para los hombres. 

 

Primera ministra española

A falta de movimientos fuertes de sufragistas a finales del siglo XIX, el gran acelerón para la mujer llega con el siglo XX y en concreto con la República. Para entonces la mujer ya tenía acceso a la educación y empiezan a aparecer las primeras licenciadas, doctoras, etc. El famoso discurso de Clara Campoamor y todo su trabajo en los debates parlamentarios consiguen el sufragio para la mujer en 1931. Por primera vez las mujeres contaban políticamente. Por primera vez las mujeres mayores de 23 años aparecían en los censos. La república ofreció cargos de responsabilidad. La primera ministra de la Historia de España, y una de las primeras de Europa, fue Federica Montseny

Los franquistas realizan un retroceso de décadas con su victoria en 1939, imponiendo la vuelta de la mujer al ámbito doméstico como ‘ángel del hogar’, sometida a la Dictadura para sus fines de regeneración de la Patria, bajo el palio católico. De esta manera nos plantamos en ayer mismo, cuando una mujer en los años 70 seguía siendo legalmente inferior, que perdía derechos al casarse, que podía ir a prisión si cometía adulterio, mientras que un hombre recibía una multa por el mismo hecho hasta 1978. Ninguna mujer pudo firmar un contrato válido ni abrir una cuenta corriente hasta 1981. Las mujeres que tenían que hacer una de estas dos gestiones necesitaban la signatura de su padre o de su marido. Volvieron a votar en 1977. 

Y todo esto son sólo leyes. En las mentalidades, la evolución toma otros derroteros. Son milenios de considerar al sexo femenino como inferior y como una propiedad más del hogar de cara a conseguir una vida placentera. Siglos pensando que la práctica del deporte en la mujer era algo antinatura y que, por supuesto, no pueden rozar los logros masculinos. Las mujeres somos algo bonito, como un adorno, frágiles, complemento perfecto del hombre. Era legal matar a una mujer si veías que ponía en riesgo tu honor hasta hace nada. Se llama Uxoricidio honoris Causa y está vigente actualmente en muchos países del mundo. En España comenzó a regularse en 1822. En 1945 se aprobó esta ley.

Las mujeres, desde el inicio de su andadura laboral en las fábricas han cobrado mucho menos que el trabajo masculino, incluso en aquellos puestos donde ellas lo hacían mejor, como era el textil. Hasta hace unos pocos años no ha comenzado la regularización de la mujer en el trabajo agrícola o ganadero. La copropiedad, para de esa manera poder cotizar a la seguridad social y así tener cobertura laboral, es todavía un reto pendiente en el mundo rural. 

 

Sólo una década contando la violencia

Si hablamos de violencia, los registros de asesinadas se realizan desde hace poco más de 10 años. Antes se hablaba de crimen pasional, y se consideraban hechos puntuales y que corresponden a la intimidad de esa familia. Las violaciones han sido utilizadas por todas la culturas como una de las principales armas de guerra. No lo fue menos en la más cercana aquí en España, en la Guerra Civil. También ha sido lo habitual en relaciones de poder dentro, por ejemplo, del servicio doméstico, los terratenientes, caciques, jefes de comercio y fábricas y otros puestos de autoridad. 

Podríamos dar miles de ejemplos más pero todos van en la misma dirección: desde hace milenios existe un sistema dominado por los hombres, que imponen su fuerza a las mujeres y las doblegan hasta dejarlas en un papel secundario dedicado al cuidado del hogar, de la familia, de los ancianos y de los hijos, y que implica obligaciones de cuidados desde que nacen y hasta que mueren, todas las horas, todos los días del año. Ese sometimiento se mantiene a base de violencia física, económica y legal que ampara durante siglos este modelo, en sus marcos político, social y religioso. 

Ese sistema se llama ‘patriarcal’ y las víctimas siempre son las mujeres. Nunca ha existido una opresión de todas las mujeres de una sociedad, sus leyes, la violencia y la economía en contra de los hombres. Ni ha sido ni es tampoco el objetivo de la lucha feminista. 

Sigue siendo necesario un DIA DE LA MUJER para recordar toda esta situación, toda esta Historia, todo este sistema opresor que continúa matando específicamente a las mujeres con unos patrones concretos que se repiten y que, por eso, reciben el nombre de VIOLENCIAS MACHISTAS O DE GÉNERO. Y es por eso, porque hablamos de crímenes que llevan siglos instaurados, porque llevamos miles de muertas porque los hombres consideran que pueden disponer de la vida de ellas sin rechazo social y sin un sistema legal que les otorgue penas similares a delitos similares, porque la sensación de desprotección del Estado y el miedo siguen estando en el día a día de todas. Y por todas las que nunca pudieron ni podrán alzar la voz, salimos a la calle para denunciar que un DIA DE LA MUJER es muy poco, que necesitamos atención a nuestras reivindicaciones cada jornada de cada año

Esther Puisac

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