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CÓMO INFORMAR DE VIOLENCIA DE GÉNERO EN PLENA CRISIS SOCIAL

Por Elena Bandrés, profesora asociada Grado de Periodismo-Universidad de Zaragoza

La violencia contra las mujeres se está abordando desde numerosos frentes pero, desde el punto de vista informativo, falta poner en marcha con los medios de comunicación un protocolo de actuación por parte del Ministerio del Interior y el Ministerio de Igualdad con el fin de que los medios dispongan de las imágenes y testimonios necesarios que eviten convertir los feminicidios en simples noticias de sucesos. Es decir, que puedan contar con el mismo tipo de imágenes de la detención y seguimiento policial y judicial que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado suministran en otro tipo de detenciones. Actualmente, no sólo no se suministran sino que la información protege la identidad del autor confeso, en la inmensa mayoría de las noticias, mientras que no ocurre igual en otro tipo de sucesos en los que el Estado entrega a los medios de comunicación las imágenes de la detención del autor. Desde el punto de vista de la narrativa audiovisual, se evidencia una doble vara de medir: el Estado protege a toda la sociedad cuando exhibe sus detenciones en otro tipo de terrorismos y de sucesos pero, en el caso de un asesinato machista, esta “protección” se circunscribe al momento en el que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad se mantienen alrededor del furgón de la morgue en el que se introduce el cadáver. 

En las informaciones sobre asesinatos de violencia machista se cortocircuitan los procesos para generar la primera condición por la que un crimen debe ser rechazado: conciencia social, con la utilización de la imagen de la víctima, los testimonios irrelevantes del vecindario, que muchas veces justifican de manera inconsciente el hecho delictivo y la transmisión de imágenes y declaraciones, a veces poco convincentes, de las autoridades. Brilla por su ausencia la concienciación social necesaria e indispensable no sólo para condenar estos crímenes de terrorismo machista, sino para asumir que los feminicidios afectan al cien por cien de la sociedad, no sólo a la mujer asesinada y a su familia. Por lo que llama la atención que este tipo de relato no se aplique por igual cuando el asesinado es un hombre y la naturaleza del delito se circunscribe en otro tipo de terrorismos. 

Tras analizar las informaciones recogidas en los diferentes medios de comunicación, se puede afirmar que los medios han renunciado a su papel como ‘formadores de conductas’, por dos razones: por la falta de un método adecuado que evite caer en estos errores y por la ausencia de un protocolo de actuación que, los diferentes gobiernos de España, sí que han puesto en marcha con otro tipo de crímenes.  

En 2004 se promulgó la primera Ley Integral contra la Violencia de Género y tras la adopción de numerosas y diferentes iniciativas judiciales, educativas y sociales por los diferentes gobiernos sucedidos en el Estado Español, así como en todas las Comunidades Autónomas, una serie de hombres siguen matando a las mujeres cuando su relación sentimental deja de funcionar.  En 2007 tuvo lugar un encuentro entre Gobierno y medios de comunicación para evitar el morbo y amarillismo en este tipo de noticias pero, tras la adopción de numerosos códigos de autorregulación por parte de los medios, paradójicamente la narrativa actual sigue victimizando doblemente a la mujer asesinada, mientras que envuelve al autor de los hechos en un halo de enajenación mental transitoria, a pesar de todos los intentos llevados a cabo para evitar lo contrario.

“La violencia contra las mujeres y niñas es una de las violaciones de los derechos humanos más extendidas, persistentes y devastadoras del mundo actual”, afirma la ONU. Sabemos que el feminicidio, definido como “asesinato de una mujer a manos de un hombre por machismo o misoginia” supone la punta de un iceberg formado durante siglos con patrones culturales que siguen anclados en nuestra base social. Pero ya es hora de asumir que un asesinato machista no puede seguir narrándose igual que una noticia de sucesos, en donde el morbo se sigue apoderando de este tipo de informaciones. La firma de un protocolo de actuación entre Gobierno y Medios de Comunicación para suministrar las imágenes de la detención y la disposición de diferentes profesionales para condenar estos hechos eliminaría la desigualdad reflejada en estos dos tipos de noticias.

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