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Brecha salarial. Las sanitarias cobran menos que sus compañeros varones

Los cuidados familiares alejan a médicas y enfermeras de la carrera profesional

En la sanidad pública la brecha es retributiva y trae precariedad y pensiones más bajas

Natividad Bascón, Trinidad Serrano y Rosa Magallón ponen los datos

 

 

Texto: Carmen Serrano/Fotos: Javier Cebollada

La desigualdad entre mujeres y hombres en el mercado laboral es una realidad. Se manifiesta de muchas maneras, pero la que más nos interesa por sus graves consecuencias es la desigualdad en salarios y demás retribuciones. Es lo que se llama brecha salarial. Y el sector sanitario no es una excepción. Médicas y enfermeras conviven con compañeros que, en la mayoría de los casos, cobran más que ellas y disfrutan de mejores condiciones laborales. El motivo: los cuidados familiares que tradicionalmente asumen las mujeres y que las alejan de la carrera profesional, de la equipación laboral con los hombres; algo generalizado en todas las profesiones y oficios.

En la sanidad pública la brecha es retributiva. “A mismo puesto, mismo salario -explica la pediatra y radióloga Natividad Bascón Santaló-. El problema es que las mujeres suelen ocupar los puestos peor retribuidos”, aquéllos en los que se cobra menos. ¿Por qué?: fundamentalmente porque vivimos en un patriarcado que sigue dejando a los hombres al margen de los cuidados familiares y que ha perpetuado una cadena de comunicación entre hombres que deja fuera a las mujeres de los puestos de libre designación.

La carga, no remunerada, de los cuidados obliga a las mujeres a hacer menos guardias (“un buen complemento a nuestro sueldo”, indica Bascón), a pedir más permisos y excedencias y a descuidar su formación, lo que redunda drásticamente en la brecha retributiva. “¿Quién accede a los puestos de más responsabilidad y mejor remunerados?” se pregunta Bascón. La respuesta es siempre la misma: los hombres, “tanto en jefaturas de servicio y de sección como en plazas de profesor titular y profesor asociado”.

“También es verdad -apunta la hepatóloga Trinidad Serrano Aullo– que los hombres optan a más puestos que las mujeres y los motivos, aunque no están claros, parecen ser múltiples. La falta de modelos y los estereotipos sociales que penalizan a las mujeres ambiciosas o con dotes de liderazgo podrían ser parte del problema”.

 

Entonces, es la pescadilla que se muerde la cola: faltan mujeres en puestos de decisión y, por ello, “nunca se toman las decisiones que a las sanitarias nos interesan; la percepción femenina de nuestra situación está ausente en las decisiones que nos afectan”, afirma Serrano Aullo.

De todo esto hay datos en el Plan de Igualdad 2019-2022, actualmente en desarrollo. “Yo diría muy limitado desarrollo”, aduce Natividad Bascón. De él, lo más útil de momento para las sanitarias es el diagnóstico objetivo que hace de la desigualdad, una visibilización del problema necesaria para la posterior adopción de medidas. Así, el personal sanitario obtiene evidencias de esa cadena masculina o machista de influencia que, generalmente, selecciona hombres para asistir a cursos, congresos, charlas y seminarios que incluyen remuneración. “Hay bastante sesgo al respecto -se lamenta Bascón-, ya que la industria farmacéutica, que en casos es alentada por los jefes de servicio a quienes consulta, se decanta más por la presencia de hombres” en esas actividades externas remuneradas.

Techo de cristal como causa de la brecha salarial en la sanidad privada y de la brecha retributiva en la sanidad pública. Este “mangoneo de los hombres”, como llama al rancio patriarcado la médica de familia Rosa Magallón Botaya, “es muy descarado en Enfermería, donde el 90% del personal son mujeres y directivos los hombres”. También los hospitales, añade Magallón, son “más masculinos, de ciudad, más de prestigio, mientras que los centros de salud son mayoritariamente femeninos, menos atractivos para los hombres porque en la Medicina de Familia hay más ruralidad y está más relacionada con los cuidados”. Pero en ambos casos “los puestos directivos están ocupados por varones”, reitera Magallón.

“Eso lo he visto yo en numerosísimas ocasiones -añade la médica de familia-: ¿dónde se asientan las parejas? Donde tiene el hombre su empleo. ¿Quién cuida a los hijos? ¿Quién recorta su jornada? La mujer”. No obstante, Magallón no cree que esto se deba por completo al machismo del patriarcado; “es también un tema de educación y empoderamiento de las mujeres”. Rosa Magallón desearía que las jóvenes tuvieran una visión feminista de nuestras vidas y, con este deseo, anima a sus compañeras y a todas las mujeres del mundo a “dar un paso al frente”.

 

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