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A LOS ÁBALOS Y KOLDOS DE MANUAL

Soñaba con una vida
pero se me torcieron los planes
y acabé aquí, en esta cama.
Derrotada y tendida,
humillada y entristecida.

Vendí mi alma
pero no fue suficiente,
y tengo que vender mi cuerpo
para saldar deudas,
para pagarme otra vida,
tan lejos de la soñada
que es una muerte diaria.

Este fue el primer poema que apareció cuando volví a abrir el libro de María Dubón, titulado “Puta”, (La Fragua del Trovador), una vez se me pasó el impacto de escuchar los audios de esos dos puteros confesos. Un poema que bien pudo haberlo escrito “Ariatna” o “Carlota”, las dos mujeres en situación de prostitución que se estaban repartiendo, como un botín, estos dos señoros del castillo en el que las mujeres somos pura mercancía. Pero no escuchan.
Más de 114.500 mujeres en España, según el ministerio de Igualdad son prostitutas, viven en situación de prostitución. De las que el 80% son víctimas de trata con fines de explotación sexual. En Aragón, cerca de 2.500 mujeres venden su cuerpo para poder vivir, a pesar de su corta edad. El 60% tiene entre los 18 y 35 años. Quizás si ese 37% de los hombres que compra sexo escuchara de sus bocas: “Este cuerpo que usas no es mi cuerpo, es carne rota, alma desmembrada. Cuando tengo hambre, me como la dignidad y te vendo el derecho sobre mi piel…” Quizás, sólo quizás reflexionaran sobre qué consecuencias tiene comprar a seres humanos para usarlos y tirarlos.
La escritora zaragozana María Dubón se puso en la piel de las mujeres prostitutas a través de una realidad recreada para denunciar esta situación de explotación, de degradación y de subordinación que sufren hoy en día. El resultado fue este preciado libro en el que la creatividad y sensibilidad de esta autora nos permite escuchar la voz de todas estas mujeres pisoteadas. Un estado moderno no puede tener en sus calles, en clubes de carretera, en pisos o en hoteles, a personas que están siendo despojadas de sus derechos fundamentales. Nadie, absolutamente nadie, puede comprar el cuerpo de otras personas.

Quizás alguien debería enviarles este libro a los Ábalos y Koldos de manual. Empatizarían con estas mujeres que tienen que tragarse su asco para sobrevivir. Quizás las empezarían a ver como seres humanos y no otra cosa. Quizás, cuando lleguen al poema final, hayan entendido que la prostitución debe abolirse ya:

Un camino claro,
una decisión firme,
una voluntad aún frágil.
Vuelvo a esa calle
donde las putas aguardan
para reconocerme.
No más babas.
No más golpes.
No más miedo.
Nunca más.

 

(Artículo de opinión firmado por Elena Bandrés)

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